Uno de los grandes protectores del Dharma del Buda, Anāthapiṇḍika, tenía un sobrino. Este joven había desperdiciado una herencia de cuarenta mil piezas de oro. Luego visitó a su tío, quien le dio mil monedas y le pidió que comerciara con ellas. El hombre desperdició esto y luego volvió; y otra vez le dieron quinientos.Habiendo desperdiciado esto...